Testimonio de la visita a Olga
Ayer estuvimos tres personas del ministerio de enfermos visitando a Olga en la residencia. Para quienes no tengáis el gusto de conocerla, como yo, que le conocí ayer, Olga es una hermana de Maranatha, hace escasos días cumplió 98 años, lleva varios años sin venir por el grupo ya que está ingresada en una residencia con una demencia muy avanzada.
El año pasado Pilar estuvo con ella y la encontró muy desmejorada, apenas hablaba y estaba bastante “malhumorada”, las cuidadoras le dijeron que era una persona muy difícil… No sé si de entrada reconoció a Pilar pero al nombrarle Maranatha se le iluminó la cara con una sonrisa de oreja a oreja y decía una y otra vez: «Ay Maranatha, cuantas cosas Maranatha, ay Maranatha»…. La gobernanta se quedó muy sorprendida diciendo que hacía mucho tiempo que no veía así a Olga… Hace un par de meses Miriam y Pilar, volvieron a visitarla y comentaron que estaba mejor, se alegró mucho de verlas y a Miriam claramente le reconoció y le identificó con sus hermanas. Así que para la siguiente visita, Pilar me propuso que fuera con ellas y llevara la guitarra porque así podríamos cantar (quizá recordaría las canciones) y hacer un ratito de oración con ella, por lo visto Olga era muy «bailona» y solía cantar y alabar con mucha fuerza en el grupo.
Asique a las 17:45h, quedamos en la puerta de la residencia. Mientras iba de camino, unas nubes negras amenazaban una buena tormenta, empezó un viento tremendo, la típica tormenta de verano que dura escasos minutos, pero se puso tan negro que verdaderamente daba miedo… Recuerdo que me dije para mis adentros: «Hoy el Señor va a estar grande porque con esta tormenta lo que más apetece es quedarse en casa».
Entramos en la residencia y después de preguntar en recepción nos dirigimos hacia el comedor, donde nos habían dicho que encontraríamos a Olga. Allí había varios ancianos, se notaba que era la sala en la que les estimulaban y socializaban, donde transcurre su día a día en la residencia… Efectivamente ahí estaba ella, una mujer menudita, en su silla de ruedas. Se le veía bien, tranquila. Nos acercamos y Pilar le saludó, le dijo que veníamos de Maranatha para estar un ratito con ella, que teníamos muchas ganas de verla, no sé si en ese momento se acordó de Pilar o de Miriam pero sí le agradó la visita y lo de Maranatha le sonó bien.
Después de pedir permiso a los cuidadores, nos dirigimos con ella hacia su habitación, para tener un poco más de intimidad, ella vino con nosotras confiada y tranquila, se le notaba a gusto. El dormitorio estaba bien, era amplio y tenía un rinconcito con sus fotos, enseres y recuerdos personales. Estuvimos conversando un rato, cosa que no fue fácil debido a su avanzada demencia y a que está bastante sorda, pero ahí reconoció a Miriam, le miraba a los ojos y le decía: «Estás muy GUAPA y tus hermanas cómo están?» Eso lo repitió a lo largo de la tarde muchísimas veces! Le decíamos: ¿Te acuerdas de las hnas. Salcedo? y por el apellido no parecía que le dijera nada pero los ojos de Miriam, sin lugar a dudas, le conectaban con los de sus hermanas…
Le dijimos que habíamos traído la guitarra y que si le apetecía que cantáramos juntas, a lo que nos dijo que por supuesto. Empezamos con un canto invocando al Espíritu y esa no la conocía pero en cuanto arrancamos con el Alabaré, se le iluminó la mirada y una enorme sonrisa se dibujó en su rostro, fue precioso porque se fue acordando de la letra y cantaba con muchísima fuerza, tanto que hubo un momento que entró una cuidadora alarmada por las voces que estaba dando Olga. Alababa al Señor levantando los brazos, fue muy emocionante. Seguimos cantando y alabando al Señor, algunas canciones las conocía y se acordaba de la letra otras no. Me pareció curioso que las que más recordaba eran las más «pachangueras», las que solemos cantar en Maranatha con gestos, las que nos hacen sentirnos «niños en el Señor». Entre cantos, alabanzas, y la frase que le decía constantemente a Miriam de: «estás muy GUAPA y tus hermanas cómo están?» a lo que Miriam le respondía pacientemente con una sonrisa y como si fuera la primera vez que le preguntaba: «están bien, quieren venir a verte»… fue pasando la tarde. Hubo un momento precioso en que Pilar le preguntó si seguía dando gracias al Señor a lo que ella respondió con contundencia y rotundidad: «Siempre, al Señor siempre GRACIAS. Él siempre está».
Antes de irnos, al ver que ya había pasado la tormenta y no llovía, salimos con ella a dar una vuelta por el jardín de la residencia. Después volvimos al comedor donde le habíamos encontrado y allí nos despedimos hasta otro día. Así terminó la visita, las tres salimos contentas y con esa sensación de satisfacción que te regala el Señor, sintiendo que es un privilegio estar en enfermos y ser testigo de estas cosas.
Durante la oración de esta mañana me acordaba de Olga y de la tarde de ayer, y el Señor me regaló profundizar y reflexionar sobre eso que hemos oído tantas veces de que el ser humano se compone de tres partes, de cuerpo, alma y espíritu. Cuando te falla el cuerpo y el alma, cuando la memoria ya no funciona, cuando has perdido tus facultades y habilidades, cuando no puedes razonar ni entender, cuando no eres capaz de reconocer a tus seres queridos, ni a tus hijos, ni tan siquiera a ti mismo… el espíritu está intacto y te sostiene. Ahí donde suceden las cosas de Dios, donde se da la relación y la intimidad con el Señor, donde suceden la fe, la esperanza y la caridad, los dones y carismas, la oración como diálogo con el amado, la alabanza, el canto en lenguas, etc. Ahí donde se da la compañía y el consuelo del Señor, ese es el espíritu. Que afortunados somos de saber que tenemos espíritu, cuantas veces le oímos decir a Chus que hay mucha gente que pasa la vida sin saber que tiene espíritu y viven solo con el cuerpo y el alma.
Me recordó, que ya en una ocasión anterior me hizo entender y ver con claridad el tema del espíritu. Fue hace unos años, una de las varias veces que tuve que ingresar en el hospital a mi hermana Tere por un brote psicótico. Ella tiene diagnosticado trastorno bipolar en grado 1 y ha ingresado en varias ocasiones por este motivo… Siempre sucede de la misma manera, empieza con ideas extrañas, deja de dormir, la mente le empieza a ir a toda velocidad y comienza a tener unas experiencias y vivencias que nada tienen que ver con la realidad, la distorsiona completamente. En ese momento, ya no tienes delante a tu hermana sino a una absoluta desconocida, no sabes por dónde puede salir ni cómo va a reaccionar. El protocolo siempre es el mismo, bajo la dirección y supervisión de su médico, intentar mantenerla en casa aumentando la medicación, administrandole antipsicóticos y somníferos para que su cabeza pare, deje de pensar y se recupere durmiendo el máximo de horas posible, lo ideal es tratar de evitar el ingreso hospitalario a toda costa, pero lo cierto es que cada vez que ha llegado a este punto, cuando ya ha entrado en brote, siempre ha habido que ingresarla, bien porque es un peligro para sí misma o para el que está con ella o bien porque es imposible conseguir que se tome la medicación… El ingreso siempre es muy duro, porque aunque sabes que es la única manera y que es lo mejor para que se recupere, se te parte el corazón al dejarle en la planta de psiquiatría… No hace falta que entre a describir el ambiente que allí se respira.
En esta ocasión el ingreso se produjo durante el covid con lo que no estaban permitidas las visitas, así que le ingresamos y allí se quedó, sin saber más ni tener más noticias de ella…Tenían un horario muy estricto de llamadas, pero era prácticamente imposible que te cogieran el teléfono, después de 20 llamadas, con un poco de suerte, quizá podrías hablar con el enfermero y si tenías mucha, mucha suerte finalmente te la pasaban, era muy habitual que en el tiempo que el enfermero iba a buscarla para que se pusiera, cualquier otro enfermo que pasara por ahí y viera el teléfono descolgado, lo colgara y se cortara la llamada… Y otra vez a volver a empezar.
La primera vez que conseguí que me cogieran el teléfono y hablar con el enfermero fue al día siguiente del ingreso, por la tarde. Pregunté por mi hermana y en lugar de poner la típica musiquilla que ponen cuando te dejan en espera, dejó el teléfono abierto y pude escuchar la conversación que tenían en el control de enfermería: -Preguntan por Teresa Serrano. -Bufff, esa es la que ingresó ayer, está intratable, lleva atada desde que llegó porque está muy agresiva y no deja acercarse a nadie. -Y… ¿Qué les digo? -Diles que vuelvan a llamar más tarde, que ahora no se puede poner…. Aquella conversación me dejó desolada, que grandísimo dolor en el corazón, ¿Cómo podía ser ésto? ¿Verdaderamente ésto es lo que mi hermana necesita? ¿Ésta es la mejor manera para recuperarse? ¿Le había dejado en buenas manos? ¿Cómo puede ser que en pleno siglo XXI, con todos los avances que hay hoy en día, sigan usando en psiquiatría las mismas técnicas que usaban en el siglo XVIII? Solo pensar en mi hermana atada a la cama tantísimas horas se me partía el alma y me invadía la culpabilidad de una manera apabullante…
Me fui a misa y en el momento de la comunión el Señor me regaló un rato precioso de intimidad con Él, con una presencia fortísima suya, y me llevó a entender la diferencia entre el cuerpo, el alma y el espíritu y me hizo saber que mi hermana tenía el cuerpo destrozado de tanta medicación, el alma desaparecida con la cabeza completamente perdida debido a su enfermedad pero su espíritu estaba intacto y ahí estaba Él acompañándola, ahí estaba Él amándola, ahí recogía Él todas las oraciones de los hermanos que estaban orando por ella y ahí le estaba dando Su paz, Su consuelo y Su fortaleza para vivir esos difíciles momentos… Que paz tan grande sentí, desapareció por completo la preocupación, el dolor y el desasosiego, que grandísimo consuelo el saber que el Señor estaba con ella dándole lo que necesitaba en ese momento. ¿Qué más se puede pedir? Si está el Señor con ella. ¿Qué más puede necesitar? Como dice Santa Teresa, nada te turbe, nada te espante, solo Dios basta. Fue un grandísimo consuelo para mí y a partir de ahí pude vivir todo aquello con muchísima paz en el corazón. Pude acompañar a mi hermana durante su recuperación con mucha paz y serenidad. Seguí pidiendo oraciones a los hermanos por ella porque tenía la absoluta certeza de que nuestras oraciones «no caen en saco roto», Él las recoge con cariño. Mi hermana Tere siempre ha tenido mucha fe, de hecho, de los seis hermanos es la que más fe tiene con diferencia, siempre nos ha sorprendido mucho a todos como se agarraba al Señor en los peores momentos y con qué seguridad se sentía sostenida, creo que ese día entendí un poquito de dónde le venía… Fue como si el Señor, por un instante, me permitiera ver una pizca de la historia de amor tan bonita que tiene con ella y que desde fuera es absolutamente insospechable…
Volviendo a la visita a Olga, le comentaba a mi padre por teléfono, lo bonito que había sido ver como Olga, con una demencia tan avanzada, se acordaba de algunas canciones y alababa al Señor… Mi padre tan racional como es, me decía que era normal, que se había demostrado científicamente que la música conecta con las emociones y te hace recordar momentos vividos en el pasado. Me vino a la cabeza un video, que se hizo viral hace unos años, en el que salía una anciana en silla de ruedas, con un alzheimer muy avanzado, en el pasado había sido bailarina y al escuchar «El lago de los cisnes», empezaba a bailar (con lo poco que le acompañaba su cuerpo, solo los brazos) recordando parte de la coreografía, es un video precioso y muy emotivo. Probablemente la explicación que daba mi padre fuera la más acertada pero a mí me daba que pensar si no sería otra más honda aunque no tan racional. Me acordé de la anécdota que tantas veces le oímos contar a Chus sobre Rosario, la vecina de su madre, que había rezado tantísimos rosarios a lo largo de su vida y se preguntaba si el Señor se lo recompensaría, a lo que Chus respondía que era al revés, que era mucho más bonito, que Rosario había rezado tantos rosarios porque el Señor le había dado el don de rezar los, que Rosario tenía que darse cuenta de ésto y darle infinitas gracias al Señor por ese precioso don que le había regalado y por lo a gusto que se había sentido rezando los rosarios. ¿No será lo mismo en el caso de ésta anciana? ¿No será que el Señor le había regalado el don de ser bailarina y ella bailaba desde el don? Quizá al oír la música, baila para el Señor en su espíritu, que está intacto, un baile perfecto e impecable y nosotros desde el exterior solo podemos ver sus brazos envejecidos intentando seguir una coreografía, quizá los que nos estamos perdiendo parte de la escena somos nosotros.
Tengo clarísimo que Olga ayer alababa y daba gracias al Señor desde el espíritu, que aunque el cuerpo y el alma estén afectados por la enfermedad y la vejez, el espíritu está intacto y esa es la parte más real y auténtica que tenemos, la que no muere y trascenderá de nosotros. Ahí nos acompaña el Señor, probablemente más que nunca porque no podemos «ponerle trabas» ya que no nos valemos ni del cuerpo ni del alma y en esa pobreza total y absoluta, despojados de todas nuestras habilidades, solo nos queda dejarnos amar por Él y dejar que se manifieste la gloria de Dios en nosotros. Ahí recibimos el consuelo del Señor, su compañía y crecemos en intimidad con Él más y más, preparándonos para lo que está por llegar, el encuentro definitivo.
Doy gracias al Señor, me siento una privilegiada de poder servir en enfermos y ser testigo de estas cosas. Verdaderamente, como siempre pasa con las cosas del Señor, te da el ciento por uno. Te crees que vas a servir y siempre recibes mucho más de lo que das. Creo que Olga pasó una tarde muy agradable con nuestra visita, pero nosotras, sin lugar a dudas, recibimos mucho más… Que esperanzador y qué consuelo tan grande el tener la certeza que a medida que vayamos envejeciendo y perdiendo nuestras facultades y capacidades, más iremos creciendo y ganando en intimidad con el Señor. ¿Qué más se puede pedir? Solo Dios basta.
¡Gloria al Señor!
Madrid, 25/06/2025

¡Cuánta hondura, cuánta verdad! ¡Cuánta emoción! -hasta las lágrimas-… ¡Cuánto amor, cuánta belleza, y cuánto Señor! ¡Cuánto Espíritu Santo!
Él se nos mete dentro a través del testimonio; así creció la iglesia, con el testimonio de lo visto y oído… El Espíritu «toca» a través de su vivencia en los hermanos.
Gracias Almu, por compartir, también, tu intimidad. El Espíritu baila en tí y nos mueve el corazón. Y qué esperanzador para los q nos vamos haciendo mayores…
¡Gloria a tí, Señor! ¡Grande, cuán grande es Dios Trino!